GUARDIANES DE LA DESIGUALDAD

De una monumental puerta de madera se ha desprendido una ventana diminuta. Diminuta pero protegida por una forja de hierro en forma de cruz como si todo lo que hubiera allí dentro, por insignificante que fuera, no solo tuviera que escudarse sino además encomendarse a un protector cercano al más allá.

– ¿Hola?- atraviesa una voz de hombre desde el otro lado.
– Hemos venido a ver la casa- contestamos cubriendo de cortesía nuestro acento (aquí los españoles sonamos bruscos hagamos lo que hagamos).

Encontrar casa en Antigua no es tarea fácil. Ésta es una ciudad ajena a la realidad que golpea el resto del país. Un oasis dentro de un escenario poco amable donde las diferencias de clase, la debilidad institucional y la violencia cimientan el día a día (aunque en este blog también descubriremos cómo sobre Guatemala planea una fama de ‘infierno en la tierra’ que no es extensible a todas las regiones del país).

En Antigua siempre hay turismo, especialmente de jóvenes norteamericanos que llegan para desempeñar un voluntariado, aprender español o ambas cosas a la vez. Curiosamente, también es un destino solicitado para viajeros jubilados. Esto convierte a la antigua capital del estado (de ahí su nombre) en un lugar infinitamente más caro que cualquier otro. El precio de la vivienda dentro de la cuadrícula que forman sus 9 calles y otras -casi- tantas avenidas es disparatado en comparación con el resto del territorio en un país donde el sueldo medio de sus ciudadanos ronda los 200 euros. Pese a todo, hemos aprendido que se puede negociar si a los dueños les ofreces un contrato de larga estancia. Para hacernos una idea, un apartamento para dos personas con algo de equipamiento básico ronda los 500 euros. Eso con suerte.
Otras opciones son vivir en alguno de los municipios colindantes como Santa Ana,  San Cristobal o Jocotenango que es donde residen la inmensa mayoría de los locales y los precios son asequibles. Sin embargo, estás sujeto a emplear medios de transporte. Otra alternativa es vivir en condominios (urbanizaciones con seguridad privada), donde el precio se dispara.

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El portón de madera se ha abierto y nosotras hemos entrado con ojos curiosos a una casa amplia, equipada y cuidada. Repasamos con cuidado los detalles: ¿hay vajilla? ¿cocina? ¿filtro para el agua? ¿lavadora? ¿conexión a Internet? Allí dentro no falta de nada. Es, con diferencia, el mejor sitio que hemos visitado hasta ahora. Tres habitaciones, dos de ellas con cama de matrimonio, armarios empotrados y ventanas al exterior. La otra solo tiene armario.

– Habría que poner una cama en esta habitación – indico en voz alta mientras miro con una media sonrisa el catre de hospital que ocupa la estancia.
– Este es el lugar donde duermo yo – señala el hombre que nos ha abierto la puerta. Es el guardián de la casa.

En Guatemala es frecuente este tipo de trabajo. Guardianes. La denominación impone. Son aquellas personas que se encargan de cuidar una casa mientras está desocupada y sus dueños tampoco hacen uso de ella. Hay guardianes que viven dentro, otros que hacen visitas periódicas, algunos cuidan solo un inmueble y otros todo un espacio. En ocasiones viven solos y otras junto a toda la familia.

Esta oferta de trabajo es para cuidar un colegio. Guatemala es un país eminentemente machista y cruel con la mujer donde la situación se ha catalogado como feminicidio. Según Inacif, en 2014 hubo 774 víctimas.
Esta oferta de trabajo es para cuidar un colegio. Guatemala es un país eminentemente machista y cruel con la mujer donde la situación se ha catalogado como feminicidio. Según Inacif, en 2014 hubo 774 víctimas.

También visitamos otro lugar en una de las localidades anexas a la ciudad donde varias viviendas dentro de un bosque permanecían custodiadas por una familia. En esta ocasión fue una mujer quien nos mostró la casa vacía. Era grande, con un salón diáfano y lo suficientemente amplio como para albergar una competición de baile. Tenía tres habitaciones, dos baños y una pila para lavar la ropa (muchas casas carecen de lavadoras porque es usual hacerlo a mano o en lavanderías). Sin embargo la guardiana y su familia vivían en una casa construída con chapas, cañas y madera. Una de las paredes era la propia valla que separaba el recinto de la calle.

La desigualdad tiene nombre honorable.

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