MACARENA REMIX

Arrancamos el coche. Son las 7 de la tarde pero es noche cerrada en Antigua y a pesar de la oscuridad el Parque Central -ese extraño epicentro de singulares vidas y rutinas- sigue en efervescencia. Hay puestos de comida, de libros, de ejemplares que dicen ser libros; vendedores de algodón de azúcar, helados y artesanías. También deambulan allí parejas enamoradas y parejas de individuos con su sombra -cariñosa o no- acompañándoles. Ruido, tráfico y luces.

– ¿Chicas, vamos o nos quedamos? – Surge la pregunta del millón.
– Bueno… Vamos a llegar de noche, pero Estefi conoce el camino… – Sugiere una intrépida voz.
– Venga, vamos pero sin detenernos, con las ventanas subidas y sobre todo: perfil bajo chicas.

Somos cinco mujeres, solo una de ellas guatemalteca y vamos a viajar durante dos horas hasta alcanzar la costa del Pacífico. Vamos a Monterrico, un pueblo en la región de Escuintla, al sur del país: el lugar nacional favorito de los chapines para ‘veranear’ por delante de la minúscula costa caribeña. Quizás en un afán de conquistar turistas y combatir el desdén que despiertan otros lugares atractivos de nacimiento, el marketing local decidió bautizar a la reserva natural de la zona como Hawaii.

Un país donde hace falta plantearse si viajar de noche es prudente o no ya lanza una idea generalizada de lo que la libertad significa para su gente. Durante estas dos semanas, la gente se ha encargado de darnos algunos consejos: “Si algo parece raro, es raro”, “Tened cuidado”, “No caminéis solas de noche”. Otros también han decidido colaborar a nuestra tranquilidad: “Fíjese que allí en el apartamento donde van a vivir ya entraron a robar a una cooperante”. Sin embargo, una de las sentencias predomina sobre cualquier otra: “PERO ANTIGUA ES OTRA HISTORIA”. Y eso es completamente cierto.

La noche está iluminada por una luna esférica y brillante. Es la segunda luna llena del mes y por tanto es la “luna azul”, un fenómeno singular, que en absoluto significa que tenga ese color. Afortunadamente, está allí arriba porque a medida que nos acercamos a Monterrico nos damos cuenta de que las hogueras (a pesar de los más de 30º que, de haberlos, marcarían los termómetros) y las velas abundan, de que apenas hay gente en la calle y de que todo parece estar cerrado a cal y canto.

– “‘¡Hey muchacho! ¿Sabes por qué no hay nadie en la calle? ¿Pasa algo que está todo cerrado?
– Es que es de noche… – Contesta un niño encogiéndose de hombros, entonando la voz de la coherencia.

Pero no solo es que sea de noche, es que la electricidad se ha ido a las 7 de la tarde. No importa, lo que en otras circunstancias hubiera sido un fastidio ahora tan solo es extrañeza. Hemos llegado sanas y salvas y la piscina funciona, de manera que lo mejor que podemos hacer es independizarnos del asfixiante calor dándonos un baño.

Cuando llegué a Guatemala era de noche y no pude apreciar nada hasta que amaneció al día siguiente. Lo mismo ha sucedido con Monterrico y creo que esta manera de aparecer en los sitios es un regalo. Y es que me da la sensación de estar soñando y despertarme en un lugar que pertenece más a la fantasía que a la realidad. La arena es oscura por su orígen volcánico y el mar tiene tormenta dentro. Las olas imponen y la resaca te engulle. “La gente no se baña mucho aquí porque todos los años muere alguien. O no saben nadar bien, o la mar te jala (te lleva)…”. De veras que no he escuchado nunca la palabra “muerte” con tanta frecuencia y serenidad.
Este lugar tiene una playa interminable, mires donde mires solo ves arena, palmeras y barcas pescando o varadas. De cuando en cuando, el bramor de las olas rompiendo, se enfrenta al de un quad interrumpiendo la modorra que atrapa a todos.

Y al caer la noche, lo que interrumpe dicho bramor no son los quad o la torrencial lluvia sino la exquisita selección musical de los bares nocturnos: desde la Sonora Dinamita (un grupo clásico colombiano del que soy TOTALMENTE FAN) pasando por otros clásicos ‘reguetoneros’ de dudosa moralidad o la omnipresente Macarena. Eso sí, todo ello versión remix y acompañada por escenas de tórrido amor/sexo pasajero pretendidamente público. Dicen que el roce hace el cariño, pero nadie dijo que el calor comenzó el roce. La costa es un videoclip.


(Lo siento, no he podido quedarme con una. En este disco hay verdaderas joyitas. Atentos a las letras)

En fin, no sé cuánto tiempo he pasado aquí, pero podría seguir permaneciendo. Sin embargo, agradezco volver con el sol todavía en iluminándonos. Ese camino que hace días aparecía tan solo alumbrado por velas y hogueras ahora se ha convertido en un auténtico vergel salteado de campos, altísimos árboles con lianas, lagunas atravesadas de curiosas plantas, casitas lindas y ocupantes que duermen plácidamente su siesta en una hamaca…

En fin, viva el remix.

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2 comentarios en “MACARENA REMIX

    1. Que no te de miedo. ANTIGUA ES OTRA HISTORIA. Aquí estamos de lujo, el tiempo es fantabuloso, la comida exquisita y los compañeros muy afables. Todo tranquilo 🙂
      ¡Preparando vuestra visita!

      Me gusta

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