WHERE YOU LEAD

UNA MUJER DORMIDA

Hay una mujer dormida en mi pieza. Su cuerpo reposa como desvanecido, como si se hubiera desprendido de una carga muy pesada y ya solo tuviera fuerzas para descansar.

Hasta su rostro reposa. Ella sigue impasible a mi mirada perforándola. La mandíbula se ha extinguido, los párpados son pómulos y los labios apenas se dejarían atravesar por el filamento de un suspiro.

La mano y el brazo izquierdo son su almohada y están arropados por un cabello oscuro que mantiene una lucha entre encaracolarse y convertirse en melena. El otro brazo atraviesa sus pechos y se eleva al ritmo que pausadamente marca su respiración.

Sube                                                                Sube

Baja                                                         Baja

Parece el agua llegando a la orilla de una laguna en calma.

Lo único que se interpone entre su desnudez y mi vello erizado es un vestido de gasa que moldea cada pliegue de su cuerpo. La torsión de la rodilla izquierda hace que el muslo sirva de apoyo a su propia almohada de carne y la canilla derecha forma una cueva por donde se cuela el pie zurdo, que me señala directamente. Retador. Insinuante. Y qué hermoso es mirar su espalda. Y qué lindo es cuando deja de serlo para convertirse en nalga y que siga metamorfoseándose hasta llegar a ser pie.

Estaba aquí cuando yo llegué y ya me acostumbré a su presencia. Significa que he llegado a casa.

Hay una mujer dormida en mi pieza. Y no parece querer despertar.

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