¡Sube, que te llevo!

Hace unos días una amiga celebró su cumpleaños en su casa, era viernes y decidí tomar el penúltimo bus extraurbano (una camioneta, un chicken bus) que conecta Antigua con la capital para evitar el tráfico. Éramos tantos que había personas incluso en la parrilla (sobre el techo). Ser pasajero es un infierno, pero es que ser conductor es peor. Los pilotos de estos buses viven bajo un estrés brutal: además de la renta del bus, han de asumir los costos de combustible y abonar la extorsión (generalmente semanal) que exigen las bandas criminales. Es por esto que cada trayecto se convierte en una carrera por lograr el mayor número de pasajeros, no importa en qué condiciones viajen o el peligro al que les expongan. Junto con el día que me pusieron una pistola en la cabeza, los recorridos en que los pilotos de dos buses diferentes pelean pasaje, son los momentos en que más miedo he pasado en mi vida.

Entre la Antigua Guatemala y Ciudad de Guatemala hay algo menos de 40 kilómetros (la mitad una sucesión de curvas serpenteantes donde se vive un auténtico rally) pero he llegado a tardar 4 horas en cubrirlos. Sin accidentes que lo justifiquen, sin obras paralizando el tránsito: única y exclusivamente por la congestión vehicular que existe. Desplazarse dentro de la capital es desquiciante, al denso parque móvil se añade una precaria señalización y una inexistente planificación urbanística.

TRÁFICO

Hace algún tiempo leí que si en el plazo de 5 años el tráfico de la capital no disminuía, ésta colapsaría. Ya ha pasado bastante tiempo de aquello y solo ha ido a peor, infiero que estamos cerca del colapso. La situación tiene múltiples aristas que lo condicionan: unas infraestructuras pésimas y sin mantenimiento, unas ciudades construidas a golpe de necesidad, un transporte público ineficiente y peligroso…

Al poco tiempo de aterrizar en Guatemala fui de excursión al lago de Atitlán y recuerdo cómo mi estupor crecía a medida que avanzábamos. En la carretera puede suceder cualquier cosa: personas que aprovechan una tubería en el arcén para lavarse el cabello, personas caminando o en bicicleta en contra de la vía, gente pastoreando en las orillas de la carretera o infinidad de familias cargando ingentes fardos de madera a la espalda. Desde ese día, las carreteras de Guatemala tienen banda sonora:

 

Estos son los medios de transporte terrestre más habituales en el país:

  • Picop
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  • Moto
    familia en moto
  • Taxis: los hay amarillos o blancos. En general, se desaconsejan los blancos salvo que tengas el contacto de alguien de confianza. Mi primer taxista de confianza fue Alan, quien ahora tiene una cevichería en Santa Catarina Pinula, un empleo más tranquilo que el de conductor (que le regaló una enorme cicatriz en el antebrazo fruto de una bala perdida).
  • Camionetas
  • Tuc Tuc: vehículos a motor con tres ruedas en los que cabe un número indeterminado de pasajeros: desde 1 hasta 6. Normalmente económicos y eficaces, el empedrado colonial de las calles de Antigua hace que sus pilotos terminen la jornada con los órganos del revés. En el siguiente vídeo (a partir del minuto 1:59) pueden comprobar la diferencia entre circular sobre una superficie lisa y sobre el adoquinado.
  • Shuttle: minibuses destinados, fundamentalmente, al transporte de turistas. No obstante, hay también minibuses de uso local que comunican núcleos urbanos más pequeños entre sí.
  • Dentro de la capital, existen varias alternativas: buses rojos, transurbano o transmetro. Los dos últimos son seguros y, pese a la saturación de pasajeros, es posible desplazarse. Viajar en los buses rojos sin embargo es peligroso (las estadísticas más recientes denuncian 40 asaltos diarios de media).
  • Bicicleta y a pie: todos los días camino 50 minutos entre mi casa y mi trabajo, tiempo que aprovecho para escuchar mis podcast favoritos. Tengo la fortuna de vivir en una ciudad pequeña que me permite llegar a pie a cualquier lugar, incluso pueblos aledaños. No cambiaría esa libertad por nada.

En general, desplazarse en Guatemala es complicado, lento y no exento de riesgo: tanto porque las normas de circulación apenas se respetan como porque casi todas las unidades de transporte (tanto públicas como privadas pueden sufrir un asalto). Lamentablemente la situación no va a cambiar de manera que solo queda una alternativa: paciencia, suerte y si tienes chance, que te den jalón.

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